Sembradores o depredadores. ¿De qué lado está tu empresa?

CAMPO

Cada historia es única. Cada individuo es el resultado de la suma de decisiones que ha tomado a lo largo de su vida, sorteando las circunstancias mientras busca convertir lo deseable en posible, para alcanzar sus metas.

Lo mismo sucede con las organizaciones y sus emblemas, las marcas. El éxito o el fracaso -medido a partir de lo que se quiere ser y lo que se es- es consecuencia de las decisiones cotidianas que se toman siguiendo la visión trazada y de los objetivos a cumplir.

Modificar las condiciones existentes, buscando una mejora del terreno para obtener los frutos esperados en armonía con el ecosistema en el que se desarrolla la actividad de la organización, se parece mucho a la tarea de quien siembra en la naturaleza.

Sembrar implica desde el inicio un compromiso con el futuro. Y también saber que estaremos expuestos a la incertidumbre del clima, las catástrofes naturales, los errores humanos y -por qué no- la suerte.

Quien siembra toma una decisión a largo plazo, su actividad propone un escenario que debe ser sostenible en el tiempo y en el que el aquí y ahora, son sólo circunstanciales. Se sabe que la cosecha no es inmediata, que requiere del cuidado diario de muchas manos convencidas de que los frutos sólo se cosecharán a su tiempo. Ni antes, ni después.

Y una vez recogidos, comenzará nuevamente la tarea. Pero esta vez sobre un terreno más fértil y con la aprendizaje de la experiencia como guía. Un ciclo vital que se renueva y crece mejorando las condiciones de todos los involucrados.

El sembrador no especula en su entrega, ni desconoce los riesgos: sabe que nunca será fácil, pero la recompensa final será consecuente con la dignidad de su obra.

Sin embargo, un mercado en el que las reglas y las condiciones no son siempre estables -como la naturaleza misma- da lugar a otro modelo como amenaza: el depredador.

A diferencia de quien siembra, el depredador no busca echar raíces ni piensa en el largo plazo. Para él, el aquí y ahora es lo que vale, y hace del aprovechamiento de la oportunidad su principal arma.

Quien depreda busca el beneficio instantáneo –algo que el mundo digital ha acelerado- y no considera en su visión la sostenibilidad de su acción.

Muchas veces se percibe a los individuos y organizaciones que responden a este paradigma como hábiles estrategas. Sin embargo no se trata de estrategia sino de un cúmulo de tácticas encadenadas con mayor o menor consistencia, cuyo fin es escalar rápido y directo sin importar las consecuencias.

La medida del éxito del depredador está en el logro de los objetivos inmediatos y en los espacios obtenidos, sin importarle los efectos de sus acciones sobre todos y cada uno de los involucrados.

Depredar es apropiarse de lo que hay, utilizarlo en propio beneficio, y descartarlo cuando no sea útil al propósito del día, para así salir a buscar un nuevo terreno sembrado que le permita continuar con su modelo de acción.

En un contexto social en el que los modelos se ponen en crisis día a día, y en el que las personas –consumidores, audiencias, usuarios- demandan una mirada más humana, las marcas y organizaciones deben preguntarse a qué modelo responderá su propuesta de negocio.

¿Sembrar y cosechar en el largo plazo? ¿o depredar para obtener beneficio inmediato?

Y en el centro de estas preguntas, mucho más que un debate económico: se trata de un debate ético.

Ser sembradores o depredadores.

Tú y tu empresa ¿de qué lado están?

 

Image by Freepik

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