Buena noticia: la educación que conocimos ha muerto.

EDUCATION“El futuro será de las pequeñas unidades móviles, dinámicas y conectadas”. Robert Fripp, líder de King Crimson.

Lo que Fripp había anunciado para el mundo de la música a mediados de la década de 1970 -con o sin intención de proyectar a otros campos- parece un anticipo de lo que nos esperaba en el futuro como comunidad humana. Porque si nos ponemos a pensar nuestra realidad en el contexto de una sociedad digital, es probable que todos podamos vernos como nodos conectados a una red.

Vivimos y nos relacionamos cada vez más (aunque intentemos negarlo) dentro del ecosistema digital.

Y si analizamos la educación desde esa misma perspectiva, podríamos afirmar que un modelo educativo no es otra cosa que una enorme red dinámica en la que cada integrante es parte fundamental del proceso, ya que su presencia garantiza la continuidad y crecimiento de la red. Una red puesta en crisis por cada nodo a partir de ser actor en el proceso de “hackear la educación”-como define Alejandro Piscitelli- para modificar lo que el sistema no alcanza a satisfacer.

Esto significa que para cambiar los paradigmas educativos del siglo 19 que aún siguen extrañamente vigentes, se requiere de liderazgos que entiendan que no hay nada que no puede revisarse y que todo puede mejorarse. Un modelo de liderazgo que debe ser compartido con toda la comunidad educativa y la sociedad.

En este contexto el diálogo -el verdadero y profundo, no simplemente el intercambio de palabras- juega un papel trascendente.

“Por millones de años la humanidad vivió como los animales, luego algo sucedió que desencadenó el poder de nuestra imaginación: aprendimos a hablar”. Keep Talking, Pink Floyd.

Para el ser humano la posibilidad de hablar y, consecuentemente, conversar se convierte en un elemento clave para repensar un modelo educativo para este siglo, ya que permite establecer coordinaciones entre el hacer y el emocionar para construir una realidad compartida.

“En el conversar construimos nuestra realidad con el otro. No es una cosa abstracta. El conversar es un modo particular de vivir juntos en coordinaciones del hacer y el emocionar. Por eso el conversar es constructor de realidades. Al operar en el lenguaje cambia nuestra fisiología. Por eso nos podemos herir o acariciar con las palabras. En este espacio relacional uno puede vivir en la exigencia o en la armonía con los otros”. Humberto Maturana.

La irrupción de la tecnología y de las nuevas herramientas pedagógicas en ese terreno amenazan desde hace algunos años el status quo del sistema. Sin embargo, más allá de convertirse en facilitadores de los procesos, aún siguen lejos de impactar en la cotidianeidad del ámbito formativo. Tal vez, porque los nodos referenciados por Fripp están en la fase de conectividad pero sin llegar aún a una fase madura de usabilidad, porque no se ha diseñado en profundidad la verdadera experiencia de usuario que permita convertir el gadget tecnológico en una herramienta transformadora.

Por otra parte, la educación tradicional ha puesto desde siempre el eje en el sacrificio como condición para avanzar exitosamente en el proceso de aprendizaje. Una especie de vía crucis que debe transitarse para alcanzar el conocimiento.

Nada más lejos de la realidad. Sufrir (que es muy diferente a esforzarse) no es condición de base, ni un mérito por si mismo.

El éxito es y debe ser consecuencia del disfrute. Lo que se necesita es curiosidad, compromiso, entrega y pasión por aprender (y enseñar). Consecuentemente, no hay sacrificio si estamos haciendo lo que nos gusta. Y si lo hacemos con pasión y responsabilidad, las posibilidades de que alcanzar las metas deseadas sin duda alguna aumentan.

La buena noticia es que la educación tal y como la conocimos ha muerto (o al menos eso esperamos). Lo que nos permite volver a comenzar y pensar de que forma enfrentar el estimulante desafío de reinventarnos.

Nuevos liderazgos para hackear el modelo, establecer conversaciones para transformar la realidad haciendo y emocionando, diseñar la experiencia, y proponer una mirada que incorpore el disfrute como dinamizador del proceso, podrían ser -tal vez- un muy buen punto de partida para repensar la educación del siglo XXI.

Porque para formar líderes positivos, primero debemos formar(nos) como personas felices. Solo así estaremos frente a una verdadera transformación de nuestra comunidad humana.

La educación ha muerto, ¡larga vida a la educación!

Image by Freepik

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